domingo, 31 de julio de 2011

El mar y veneno, Shusaku Endo




Título original : 海と毒薬 Umi to dokuyaku
Año de publicación : 1958
Título en portugués : Mar e veneno
Año de esta publicación : 1979
Traducción : Roberto Raposo


Es interesante el reparar cómo te creas ilusiones con algunos autores por notas leídas en la prensa, como fue el caso de Haruki Murakami, de quien esperaba mucho, y al conocer una de sus obras terminé algo desilusionado, aunque todavía curioso por hacerme de otra. En este caso el efecto fue a la inversa: ante un autor del cual nunca escuché ni leí sobre él y/o sus obras en prensa alguna –supe de él por el blog brasileño “Leituras do Giba” que enumeró las obras niponas editadas en Brasil: “obrigado Giba”- , y por ende no había creado la más mínima expectativa, al final quedé totalmente sorprendido por haber “descubierto” una pequeña obra maestra, y en su autor, la esperanza de hacerme a ciegas de otro libro suyo, sabiendo que será difícil superar una historia tan completa como esta, pero seguro de tener un libro de otro gran exponente de la literatura nipona como Oe y Kawabata.

La obra inicia con un prólogo donde un narrador rememora cómo conoció, al mudarse a Matsubara en el centro de Tokio, a aquel extraño y ermitaño doctor de manos de seda de nombre Suguro, quien pasaría a atenderlo del neumotórax que padecía. El narrador descubrirá que su nuevo doctor estaba en el grupo de doce miembros acusados por vivisecciones realizadas a prisioneros norteamericanos en una universidad japonesa: ese es el preludio de la historia que comienza a develarse.

Aunque el personaje principal es aquel doctor Suguro, en aquel entonces un estudiante de medicina, Endo nos presenta esta historia -basada en un hecho real- desde la óptica de los diversos personajes que conformaron aquel cuerpo médico. En la mayoría del grupo encontramos personas decididas a realizar de todo por ascender profesionalmente, ya en otras como Suguro se ciernen las dudas y desencantos, desarrollando un fuerte sentimiento de culpa tras participar de tal hecho.





A pesar de que trata un tema muy delicado, tan duro como la verdad, esta corta novela se lee con facilidad, y sorprende cómo las disímiles historias muy bien estructuradas de los diversos personajes los lleva a un destino en común, todo narrado con la sencillez de la escrita japonesa y sin perder la elegancia ni en los momentos más crudos de la historia. El corte psicológico en el enfrentamiento de los que están decididos a realizar las vivisecciones contra la ética y humanismo que Suguro tiene, pero que no le impide a participar, rinde grandes páginas a esta novela que no desencanta en ningún momento, por el contrario, sorprende que no sea mencionada por más medios; quizá tiene que ser así, exento de marketing, tan sólo que los lectores la podamos descubrir y recomendar.




P.D: En el blog de Giba encontrarán títulos y autores japoneses editados en Brasil, quizá alguno de ellos haya sido editado también en español. Para quien esté interesado en literatura ponja la lista será de mucha utilidad. Está en portugués pero se entiende fácilmente.

viernes, 29 de julio de 2011

Milagros II, Sandra Gamarra Heshiki

Una grata sorpresa fue el encontrar la obra de una peruana entre el grupo seleccionado de la 29ª Bienal de São Paulo. La obra de Sandra Gamarra Heshiki (Lima, 1972) divide la pared con las fotografías de la brasileña Juliana Stein. Lo mejor fue que su obra estaba en el grupo que agradó, ya que en este amplio conjunto de obras y artistas hay varios que personalmente -como siempre en este blog, opinión discutible- fueron olvidados al minuto de haber estado ante ellos, o quizá antes; éste no fue el caso.

Aunque la serie no parece seguir una cierta continuidad la muerte es un tema muy presente en esas imágenes: una caravana de personas llevando a sus muertos; una madre ante el cajón con los restos de su hijo; un soldado intentando ayudar a un compañero; un guardia cargando el cuerpo de otro, se mezclan entre imágenes de políticos como Lula, Nicolas Sarkozy, Kim II sung y Jorge Rafael Videla, entre otros.

Pinturas sobre papel basadas en recortes de prensa escrita, ubicadas encima de estas, como un reflejo, y de manera lineal en forma paralela, conforman la obra de esta egresada de la Facultad de Artes de la Pontificia Universidad Católica del Perú.















































































lunes, 25 de julio de 2011

Trio 2006, Merlot, Carménère, Cabernet Sauvignon




Concha Y Toro; Trio 2006; Merlot (65%), Carménère (20%), Cabernet Sauvignon (15%); 14,5% Grad Alc; Valle De Rapel, Chile.

No es tan fácil encontrar esta variedad de Concha y Toro. No los encuentras por todos lados como el Casillero del Diablo, pero, yendo a ciertos lugares es fácil hacerse de una botella, fue por eso la sorpresa al encontrarlo en un supermercado. Tenemos muy buenos recuerdos de la cepa del 2007 trasegados hasta antes del embarazo el año pasado, y ahora, en pleno 2011, el encontrar una botella de la cosecha 2006 es estar ante un muy buen vino o ante un probable vinagre, más cuando el lugar donde se adquirió es como ya dije un supermercado, donde todos estos años la botella debe haber estado en pie, de fácil acceso y manipulación de todas las personas que por ahí transitan; igual, por los buenos recuerdos de este ensamble nos arriesgamos con una botella.

A propósito de vinos de supermercados: en éste lugar encontramos botellas de Trio blanco del 2004, y Casilleros… también blancos hasta de 1999: aquí pareciera que se tiene aquella idea errada de que “cuanto más tiempo tiene el vino, es mejor”, idea que sirve sólo para “los vinos”, aquellos carísimos, y en condiciones de guarda aceptables, muchos tintos no están dentro de ese concepto, menos aún los blancos.

Regresando a esta botella: el color es muy oscuro, sus lágrimas no son tan notorias, pequeñas. Lo que más resalta es el olor, frutado, amaderado, de una presencia muy marcada. Ya el sabor, lo sentí alcohólico, no incomoda demasiado, pero el recuerdo que guardo de cepas posteriores es muy diferente. También había una sensación metálica, que podría ser por las empanadas con crema de palmito que ya estábamos devorando: quizá no fue una buena armonización, no sé. Deja una sequedad de mediana intensidad en la boca, agradable, pero no sorprendente como los del 2007 bebidos en el 2009 y 2010.

En adelante, vino de supermercado, sólo si el almacenamiento es horizontal, y con menos iluminación, cosa que es muy rara en un super’. Con esas condiciones la variedad Trio de Concha y Toro sigue siendo una gran opción entre los vinos con mejor costo/beneficio.

domingo, 17 de julio de 2011

A morte sem nome, Santiago Nazarian



Título en español : La muerte sin nombre
Editorial : Planeta
Año de publicación : 2004



Santiago Nazarian (São Paulo, 1977) perteneció al grupo de escritores seleccionados para el Bogotá 39 del año 2007, al igual que sus compatriotas Adriana Lisboa y João Paulo Cuenca, donde también estaban los nacionales Ivan Thays, Daniel Alarcón y Santiago Roncagliolo. Leí sobre el evento desde el otro lado del mundo y dos años después, a mi llegada al Brasil, en una buena entrevista que el gran Jô Soares realizó a éste escritor me hizo recordar de su existencia; de no haberla visto quizá el nombre de Nazarian hubiera quedado en el olvido.

Olivio” (2003), segunda obra escrita, pero primera a ser publicada, se alzó con el premio Fundação Conrado Wessel, así esta, su obra prima, pero segunda a ser publicada, fue editada bajo el sello de una grande casa editorial como Planeta.

Esta obra me deja sentimientos encontrados: es jodido adecuarse a la manera como está estructurada esta narración, con frases cortas, en su mayoría separadas con demasiados puntos, que en muchos momentos la hacen tediosa, pues no hace que las historias de los breves capítulos fluya, aunque ése no es un demérito de Nazarian, muchas obras en la literatura brasileña pecan y abusan de esa manera de escribir.

Lo bacán y muy interesante es encontrar algo totalmente diferente a lo que hay, como que la protagonista principal, Lorena, una perturbada muchacha sea una “serial suicide” o “suicida en serie”, y los lectores asistamos a las diversas muertes que la protagonista se inflige en cada capítulo, renaciendo al siguiente, algunas veces con el recuerdo del suicidio anterior, y decidida a matarse nuevamente. Aquí no hay arrepentimiento o cavilación sobre una salida alterna, la única seguridad que ella tiene es elaborar alguna manera de cómo se irá matar, nuevamente, despertando el morbo en mí por saber cuál será la nueva técnica que irá a usar. Mentalmente le sugiero algunas ideas. Páginas más adelante aparece mi sugerencia; no estoy tan mal para alguien que no se quiere matar. No hay dolor en ella, por el contrario, parece haber placer, lo único que parece dolerle es verse viva al capítulo siguiente.

Las situaciones absurdas, novedosas, están salpicadas con un fino humor negro que Nazarian sabe plasmar, como pinceladas.

El conocer esta obra y este autor es una experiencia innovadora en la literatura contemporánea latinoamericana, claro, adecuándose a la manera como está escrita.

Pero Santiago. No jodas. Hermano. Que hay comas. (,). Puntos. Y más puntos. La historia. En muchos trechos. No despega. Me traba. Me corta. No fluye.

Problema de forma y no de fondo. De no ser por los putos puntos a cada frase corta, la hubiese disfrutado más. Igual, rescato la idea en la historia, diferente, que me hace tener otro nombre por buscar en los anaqueles, el de Santiago Nazarian.





“Le pedí a Miguel que me muestre el mar. Estábamos cerca, yo lo sabía. No era por el olor de las olas, ni por percepciones ancestrales, era una placa de señalización a nuestra izquierda.

- Lorena, tengo que regresar para casa.
Sonreí para él como sólo sonreiría para algún gran amor. En fin, es así, Miguel, cumple su papel. Él sonrió también. Y llegamos a un gran peñasco, con vista para el mar.

Lamentablemente el cielo estaba nublado. El mar estaría más azul. El viento sería menos melancólico. Los ojos de Miguel serían más claros, reflejando el azul de los míos, que estarían mirando para arriba.

Pensé en coger con Miguel allí mismo, mi garzón. Me serviría. Sería así que quedaría embarazada y tendríamos hijos corriendo en dirección a la playa. Así sería, abriría las piernas, ellos saldrían en dirección al mar. ¡Qué bonito! Y mi risa alta y sonora fue vil y cínica.

Decidí entonces parar de reír. Disculpa, Miguel, no puedo. Regresemos. Percibí que él hasta estaba disfrutando de la vista. No quería terminar tan temprano. Pero necesitábamos regresar. Él necesitaba trabajar. Yo necesitaba encontrar nuevas formas. De matarme. Lo necesitaba.

Al entrar al carro me sentí casi feliz por ser así tan libre, para morir como quisiese. Estacionada o en movimiento. Decidí pensar en otra cosa, o no llegaría al final del capítulo. Y todo capítulo termina, aunque el autor muera antes. De no concentrarnos, nadie muere al final. Miguel, llévame de regreso.

Lo encontré casi lindo, así, ¡tan argentino! Y le sonreí agradeciéndole por su belleza. Esta sonrisa fue por su belleza. Porque él sonrió medio forzado. ¿No sabes? No sabe cuán bello es porque es hombre. O argentino. No sé.

Ahora estaba logrando llevar todo con tranquilidad. ¿Vamos comer un churro? Me dieron ganas. Cerré la boca y me quedé escuchando el ruido de la calle, allá abajo, tan bonita, raspando sobre las llantas. Me imagino raspando sobre ellas. Si decidiese saltar, continuaría en movimiento, aún después de muerta.

Encendí un cigarro más, como hago siempre cuando no sé qué hacer. Miguel ya estaba prevenido con el cinturón de seguridad, fue entonces que agarré sus testículos y amenacé apretar. “¡Lorena, estoy manejando!

No vamos a chocar el carro. Sería un desperdicio. Concéntrate en la calle, yo encontraré una nueva salida. No quiero estar andando en círculos, ya pasamos por eso. Recosté mi cabeza en su hombro, y él se enterneció. Sólo estoy probando la suavidad de sus hombreras. “Yo no estoy de hombreras.” ¿No? ¿Me vas a decir que esos hombros son todos tuyos?

Ni nos percatamos cuando se aproximó. Enorme, reluciente, metal y caucho en movimiento. Contorciendo fracasos, abrazando nuestro desánimo, presionando intenciones sobre nuestros cuerpos. Del lado inverso, de la dirección contraria, llegó. Miguel ni pudo intentar alguna reacción. Yo cerré los ojos lamentándome. Avanzó sobre nosotros, penetrándonos con violencia. Se inclinó sobre nuestra cabeza y derramó gasolina en mis ojos. Yo, que todavía reflejaba el océano.

Cuando paramos, seguí el rastro de la sangre, como un hilo de cabello, escurriendo de la cabeza de Miguel, bajando por las mandíbulas, manchando su blanca camisa. No podía moverme y evitarlo. El cinturón trabado. Lo siento mucho. La culpa fue mía. Miguel cierra los ojos. Asiento reclinado. Y el fuego a nuestro alrededor se aproxima. No quiero que sea así. Mi muerte incendiaria debería ser doméstica, quemándome, y conmigo todos los rastros de mi pasaje por la tierra, en casa. ¿Pero qué puedo hacer con las manos atadas? Accidentes también suceden. Y también tengo que narrarlos. Lo siento mucho, Miguel. Ni puedo darle un beso de despedida.”


Páginas del 72 al 74.

jueves, 7 de julio de 2011

Not I, Samuel Beckett



Una imagen a color carece de la elegancia que el blanco y negro derrocha; es lo primero que pensé al ver esta obra en el MON. Con el posicionamiento de una cámara fija y una certera iluminación, Beckett aceptó, a mediados de los 70’s, que una de sus obras teatrales sea adaptada a la tv, estrenando posteriormente para la BBC “Not I”, una pieza en donde la protagonista es una muy expresiva boca, y donde el segundo personaje es un auditor, que para ésta versión somos nosotros.

El Premio Nobel de Literatura irlandés tenía como condición que la actriz sea Billie Whitelaw, quien se manda con una verborragia que no parece tener fin, tampoco inicio, pues la obra comienza con la boca ya en movimiento y su voz abriéndose paso. Aquella boca pasa por lo triste, aterrada, orate, susurrando, gritando, temblorosa, delirante, repetitiva, como a la busca de alguien quien escuche su devaneo. Es como una voz perenne perdida en la nada, que da igual escucharla hoy o en el futuro, siempre hablará lo mismo, sin decir nada.

What? Not. Who? She!” (“¿Qué? No. ¿Quién? ¡Ella!”), es repetido como si alguien la interrumpiera y la cuestionara. Para la escenificación teatral la boca aparece en lo alto iluminada por un halo de luz y una segunda persona, el auditor, aparece de pie y vestido de negro, sin diálogo alguno, limitándose a levantar los brazos ante esas expresiones.

En una carta dirigida a su amigo el pintor franco-israelí Avigdor Arikha, Beckett le confiesa que esta obra teatral fue inspirada en “La decapitación de San Juan Bautista” (1608), del italiano Michelangelo Merisi da Caravaggio.





Ya en otra misiva dirigida a su biógrafa, la norteamericana Deirdre Bair, comenta:

I knew that woman from Ireland. I knew who she was – not “she” specifically, one single woman, but there were so many of those old crones, stumbling down the lanes, in the ditches, beside the hedgerows. Ireland is full of them. And I heard “her” saying what I wrote in Not I. I actually heard it.

Conocí aquella mujer de Irlanda. Sabía quién era ella –no “ella” específicamente, una sola mujer, pero allí había muchas otras de aquellas viejas desagradables, tropezando por los callejones, en las zanjas, al lado de los cercos de plantas. Irlanda está llena de ellas. Y yo “la” escuché diciendo lo que escribí en “Not I”. De hecho, lo escuché.

Esta obra fue escenificada por primera vez en el Royal Court Theatre el 16 de enero de 1973, y la dirección de esta versión para la BBC fue de Anthony Page (quien fuera Director Artístico del Royal Court) y con la supervisión del mismo Beckett.

Esta obra forma parte del conjunto itinerante “Obras Selecionadas” de la 29ª Bienal de São Paulo del año pasado que recorre todo Brasil y se puede ver en el Museo Oscar Niemeyer de Curitiba.



Vídeo subido por marinchr en su canal.